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El deporte, un camino hacia la felicidad

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El deporte

“De pronto todo parece que funciona. No se tiene la sensación de necesitar algo. Mis acciones suceden como en los sueños, aunque mi cuerpo puede estar haciendo grandes esfuerzos. Todo ocurre armónicamente, en perfecta sintonía con cuanto acontece y hay a mi alrededor. Me siento aislado de toda distracción. El tiempo desaparece, y aun cuando conozco la velocidad de las acciones que ocurren a mi alrededor, siento que tengo todo el tiempo necesario para responder con precisión. Estoy tan ensimismado en la acción que no tengo la menor duda sobre mi confianza o falta de ella. No me preocupa el fracaso ni la sensación de fatiga. El éxito no es un problema, aunque al mismo tiempo parece natural y fácil de alcanzar. Me siento extrañamente apartado de lo que estoy haciendo aun cuando estoy en contacto con ello, a la vez que con mis acciones. Mi mente, mi cuerpo y el entorno se hallan disueltos, los unos con los otros, y siento como si todo respondiera perfectamente al dictado de mi conciencia. Soy consciente de los colores, de los sonidos y de la presencia de la gente a mi alrededor. Es como un estado de trance, pero me siento en contacto con todo lo que hay a mi alrededor y con todo lo que hay dentro de mí. Estoy en paz conmigo mismo y con lo que me rodea. Es una sensación maravillosa, estimulante, llena de felicidad, más real que el mundo cotidiano, sintiéndola muy a fondo, una experiencia que me recompensa de las muchas horas de esfuerzo que he dedicado a mi deporte.”

Declaración idealizada de un deportista que ha experimentado un estado mental con rendimiento máximo a partir de las declaraciones de muchos deportistas que se han encontrado en esta situación.
Garfield, 1984.

 

 

flujo

En las últimas décadas un número creciente y amplio de investigaciones han permitido demostrar que la práctica del ejercicio físico y el deporte representa para los practicantes importantes beneficios para su salud física, psíquica y social. Esto ha hecho que la actividad física sea un componente esencial en muchos programas de intervención en promoción de la salud y prevención de la enfermedad desde la Psicología de la Salud.

Además de esto, la práctica deportiva ha suscitado un extraordinario interés por un motivo más: en el ámbito deportivo, más concretamente de alto rendimiento. Muchos deportistas informan de un tipo particular de experiencia que identifican con una situación de total éxtasis, de completa felicidad. Desde la psicología, a estas experiencias se las conoce bajo la denominación de “experiencias de flujo”. Así, la práctica deportiva no solo mejora nuestra salud, sino que además potencialmente puede representar un escenario propicio en el cual experimentar la felicidad.

El psicólogo de la Universidad de Chicago, Mihaly Csikszaentmihalyi, que ha dedicado más de treinta años al estudio de la felicidad, alcanzó su momento más álgido con la publicación de su libro “Fluir: Una psicología de la felicidad” en el año 1990. En este libro Csikszaentmihalyi, nos dice que no se trata de un fenómeno que dependa del azar, ni del dinero, poder o cualquier otro acontecimiento externo al sujeto, sino de cómo interpretamos éstos y cualesquiera otros acontecimientos: “es una condición vital que cada persona debe preparar, cultivar y defender individualmente. Las personas que saben controlar su experiencia interna son capaces de determinar la calidad de sus vidas, eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices”.

No cree que se pueda alcanzar a través de su búsqueda consciente, sino al estar totalmente involucrados en cada detalle de nuestras vidas (el camino), sea bueno o malo. ¿Cómo? El estado óptimo de experiencia interna se da cuando hay orden de conciencia, es decir, cuando la atención se utiliza para obtener metas realistas y personales, concentrándose en la tarea y olvidándose de todo lo demás. Una meta que suponga un desafío,

“[…] cuando optamos por una meta y nos involucramos en ella llegando a los límites de nuestra concentración, cualquier cosa que hagamos será agradable”.
Mihaly Csikszaentmihalyi

Desde este punto de vista, no solo el deporte o la actividad física son contextos apropiados para la experiencia, sino que potencialmente cualquier actividad puede ser adecuada para alcanzar una experiencia óptima o de flujo. Es fundamentalmente importante que la actividad represente un reto en relación con nuestra habilidad, aunque sin desbordar nuestra capacidad, y que nos involucremos en ella decidida y plenamente, tanto como nuestra concentración nos permita. Se trata, por tanto, de una experiencia que se consigue con muchas tareas, desarrollando distintas actividades. No obstante, parece que estas condiciones óptimas parecen darse especialmente en el deporte de alto rendimiento, donde los deportistas se dedican plenamente en su actividad deportiva, que al mismo tiempo les plantea el reto necesario y adecuado a las habilidades que han desarrollado con la práctica continuada. Es por este motivo, que del ámbito deportivo es desde donde se obtienen un mayor número de declaraciones de experiencias de flujo.

Es un estado que ha recibido numerosos nombres como los de “experiencia óptima”, “entrar en zona” (muy extendido entre el deporte anglosajón), “dejarse llevar”, “actuar como un zombi”, “estado ideal de rendimiento o de ejecución”, etc., pero hoy se ha extendido en psicología con el término “Fluir”.

Una de las principales características que este autor le da al flujo es la sensación de felicidad que experimenta el sujeto. Pero otras dos no menos importantes, dice, es que se trata de un estado en el que se consigue con frecuencia un máximo rendimiento en la tarea y además es algo que puede experimentar cualquier persona.

Jackson y Csikszentmihalyu (1995) definen el constructo fluir como “un estado que aparece cuando estás totalmente absorto en lo que haces y sientes que tus habilidades y las demandas de la propia tarea están equilibradas”.

Una de las dimensiones del fluir que propone Jackson es el equilibrio entre el desafío y las habilidades: En flujo la persona percibe un equilibrio entre los retos de la situación y sus habilidades, operando ambos a gran nivel. Ocurre cuando la habilidad de la persona está justo en el nivel para hacer frente a las demandas de la situación. “Es desafiante pero también parece automático” dicen los atletas.

Si el desafío supera la habilidad la tarea crea frustración y si es la capacidad del sujeto la superior, le crea aburrimiento. El punto de equilibrio idóneo nos hace entrar en flujo.

Víctor Padial González
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